Blog

Biomedicina: el futuro ya está aquí

biomedicina
junio 11th, 2015
Comparte:

Hay muchas razones por las que la gente de la calle debe estar informada de los progresos científicos, no solo en biomedicina, sino en todos los ámbitos de las ciencias experimentales. Pero teniendo en cuenta el interés que suscita lo relacionado con la salud y con el funcionamiento del cuerpo humano, no es de extrañar que las noticias sobre los avances que se producen en estos campos tengan especial repercusión mediática y social. No pocas veces sucede que el ciudadano de a pie se ve inmerso en una vorágine informativa en la que se suceden promesas científicas cada vez más sorprendentes y casi siempre incumplidas. Es vital, por tanto, ofrecer explicaciones más sosegadas y profundas acerca de los logros científicos que realmente cambian los paradigmas existentes, y que afectarán nuestras vidas o las de generaciones venideras aunque no sean rentabilizables de manera inmediata. En los párrafos que siguen intentaré hacer precisamente esto, limitándome a algunos ejemplos especialmente relevantes de la investigación biomédica en esta primera década del siglo XXI.

 

La medicina regenerativa

 

Un ejemplo singular de cómo la investigación biomédica de principios de este siglo cambiará la vida de las personas nacidas en los próximos decenios es el de la medicina regenerativa. La investigación sobre los mecanismos moleculares que regulan la función de las células madre ha experimentado una auténtica revolución en los últimos años. En particular, los científicos han demostrado que es posible reprogramar células adultas y hacer que retrocedan a un estado pluripotencial como el de las células madre que están en el embrión. Estos avances han tenido gran repercusión mediática y han llevado a acalorados debates en los que a menudo se hace mención de los miles de enfermos que están esperando a ser curados con estas tecnologías. Promesas que, por desgracia, tampoco se han hecho realidad.

 

Si hay algo que los expertos en medicina regenerativa han aprendido en los últimos años, es que la curación de enfermedades degenerativas probablemente no llegará de la mano de las células pluripotenciales. Estas células madre, obtenidas de embriones o inducidas a partir de otras células del organismo, se han venido utilizando en animales de laboratorio y en ensayos humanos más como prueba de un principio científico que como procedimientos realmente curativos. Son también de extraordinaria utilidad para averiguar los mecanismos que regulan la diferenciación celular e identificar las moléculas responsables de reprogramar las células. En este sentido, estas investigaciones han hecho posible algo que hace años era impensable: convertir directamente células de un tipo en células distintas, mediante maniobras genéticas relativamente sencillas.

 

La «transdiferenciación», que así se llama este fenómeno, es conceptualmente simple. Si padezco una enfermedad degenerativa debida a la muerte de algunas células de mi cerebro, por ejemplo, una posible solución es obtener algunas células de mi piel o de mi sangre, convertirlas en células cerebrales e implantármelas en la zona dañada para así curar la enfermedad; al tratarse de mis propias células, se obvia el problema del rechazo inmunológico. En los últimos años, diversos grupos de investigación han logrado convertir directamente células de la piel de ratones y de humanos en células que fabrican sangre, en células musculares del corazón o en células cerebrales, por citar algunos ejemplos. Las implicaciones terapéuticas de esta nueva tecnología son enormes.

 

Pero el auténtico «santo grial» de la medicina regenerativa está todavía un paso más allá, tal y como sugiere un artículo publicado recientemente en una importante revista científica. Científicos ingleses inyectaron una molécula llamada timosina en el corazón de ratones de laboratorio, tras lo cual ligaron una arteria coronaria para provocar un pequeño infarto en los animales. Comprobaron que la timosina activó las propias células madre residentes en el corazón, que acudieron al sitio lesionado y regeneraron la lesión dando lugar a nuevas fibras musculares. Esto hace pensar que en dos o tres decenios la medicina regenerativa se basará en actuaciones farmacológicas encaminadas a estimular las células madre ya existentes en el propio organismo, o a transformar directamente las células sanas que están en la vecindad de la lesión. Y todo esto, como es obvio, mediante moléculas que puedan administrarse sin maniobras excesivamente sofisticadas. Es decir, la proverbial «pastilla».

 

No es necesario insistir en que esto llevará su tiempo, y requerirá del desarrollo coordinado de diversos campos de la ciencia. Especialmente útil será la aportación de la bioingeniería, sobre todo en su vertiente nanotecnológica. El desarrollo de nuevos dispositivos microscópicos que transporten los fármacos a los lugares donde son necesarios, proporcionando una liberación sostenida que pueda incluso ser modulada desde el exterior, será fundamental para poner a punto estrategias de ingeniería genética y celular que corrijan in situ las lesiones genéticas o pongan en marcha la regeneración de las células dañadas. La ingeniería biomédica será así el instrumento que haga posible llevar a cada paciente concreto los avances en genética y en biología celular.

Fuente: http://www.nuevarevista.net/articulos/biomedicina-el-futuro-ya-est%C3%A1-aqu%C3%AD

 


Si quieres saber más sobre los servicios que se pueden ofrecer en el Silo correspondiente por favor contáctanos.